Herida de bala, columna fracturada y escoliosis; tres personas que sufrían dolor y falta de movilidad mejoraron su calidad de vida incalculablemente gracias al método de yoga impartido por B.K.S Iyengar.

El impacto de la bala fue ensordecedor. Aun así, a Shobhna Chellaram le llevó unos minutos darse cuenta de que había sido disparada por un miembro de la banda de ladrones armados, que habían atacado por sorpresa, el coche en el que viajaba junto a su familia por una carretera desértica de Lagos, Nigeria. La bala le destrozó la base de la pelvis y le rasgó las ramificaciones de la arteria femoral situadas en las nalgas.

Shobhna fue trasladada a Londres, donde la operaron dos veces para sacarle los restos de bala. Después de pasar dos meses en el hospital finalmente volvió a casa en muletas.

“Estar tumbada era muy doloroso y estar sentada todavía peor. Caí en una profunda depresión y me levantaba frecuentemente durante las noches con ataques de ansiedad. Me preguntaba si algun dia me recuperaría” comenta Chellaram, que tenía 36 años en aquel momento.

Anees Chopra tenía trece años y estaba cursando octavo grado en Hong Kong. Ella siempre había querido ser bailarina, hasta que le diagnosticaron escoliosis, una anomalía en la curvatura de columna vertebral. Las radiografías mostraron una curvatura de 41 grados y un riesgo muy alto de deterioro continuo. Sus padres fueron informados de que la única opción era instalarle unas barras de titanio en la columna. Bailar quedaba fuera de la ecuación.

Carolyn Martin estaba de vacaciones explorando Tailandia en moto cuando al tomar una curva resbaló con unas hojas y cayó.

“Tuve que esperar dos horas a que llegara la ambulancia, cuando esta finalmente llegó me trasladaron al hospital de Chiang Mai con un dolor insoportable,” comenta Martin. “Me había fracturado la columna en cuatro partes así que me trasladaron en avión a Hong Kong para operarme. La operación para soldar la columna duró unas cinco horas. Después de eso estuve haciendo sesiones de fisioterapia durante semanas y me acuerdo de gritar de dolor.”

Tres personas diferentes en tres partes del mundo distintas vieron sus vidas injustamente interrumpidas por eventos fortuitos. Aunque la medicina moderna y los mejores médicos fueron capaces de reparar algunos de los daños, ellas seguían viviendo una vida restringida y continuaban padeciendo dolor físico y mental. Aun así, gracias a su fuerza de voluntad, el trío encontró el método para ganarle el pulso al dolor y la depresión.

A día de hoy, Chellaram es una reconocida maestra de yoga que ha estado practicando y enseñando durante los últimos 30 años. Anees, ahora cursando grado diez, ha vuelto a la escuela de danza. Martin disfruta de la práctica de Pilates y yoga y trabaja con personas con trastorno del espectro autista.

El factor común de su recuperación es la práctica de yoga Iyengar (práctica que recibe su nombre tras el gurú anteriormente mencionado B.K.S Iyengar).

El mismo Iyengar fue un niño enfermizo, durante su niñez sufrió de malaria, tuberculosis y fiebre tifoidea. Para mejorar su salud, a los 13 años empezó a practicar yoga bajo la tutela de su cuñado el reconocido yogi Tirumalai Krishnamacharya. El yoga transformaría la vida de Iyengar de tal forma que cuando cumplio los 95 años de edad aun disfrutaba de una salud de hierro. Su convencimiento de que la práctica del yoga es para todos le llevó a crear un método que permite que cualquier persona que lo desee, incluidas las personas que sufren alguna discapacidad, pueda practicar y experimentar sus beneficios.

“El yoga (practicado correctamente) ayuda a integrar la mente y el cuerpo, produciendo una sensación de equilibrio interno y externo, o lo que yo llamo alineamiento,” dijo Iyengar. “Alineamiento verdadero significa que la mente interior llega a cada célula y fibra del cuerpo”

Un maestro Iyengar debe tener un mínimo de entre ocho y diez años de práctica y experiencia en la enseñanza del método para poder trabajar con personas que sufran alguna lesión. Los principios del método Iyengar de alineamiento, secuencia (orden de las posturas), tiempo de permanencia e instrucción detallada de cada postura proporcionan la base sobre la que el maestro crea terapias específicas.

Chellaram conocía bien poco sobre yoga cuando visitó una escuela de yoga Iyengar en Londres. Cuando entro en el estudio un hombre mayor le pregunto, “Que puedo hacer por ti?”. Era el mismo Iyengar, que estaba en Londres de visita. “Este encuentro cambió mi vida” dice Chellaram. “Alguna vez escuchaste de una bala que no llevó hacia la muerte sino hacia una nueva vida?”

Por aquel entonces, Chelleram solo podía respirar por un pulmón. Tenía el pecho cerrado, los hombros encorvados y no podía separar las piernas más de 60 centímetros. Iyengar evaluó sus problemas y le pidió que visitara su instituto en Pune, India.

“Aterricé en Pune sin ninguna expectativa” dice ella. “Empecé a practicar yoga. Al principio tuve muchas dudas ya que el dolor no menguaba. Aun así, era mi única puerta hacia la libertad así que seguí practicando diariamente”.

Iyengar la guió a través de una serie de posturas diseñadas para ella. “La práctica constante de flexiones hacia atrás me abrieron el pecho, lo cual me hizo sentir optimista. Las posturas diagonales de pie abrieron mi zona pélvica que a su vez trajo alineamiento a la zona afectada. Como resultado de mi práctica diaria mi pecho y caja torácica se expandieron 15 centímetros y mi espalda se estiró” afirma. Finalmente, su cuerpo recuperó flexibilidad y ya no necesitó tomar más calmantes. La vida volvía a tener sentido!

Tres años después, Iyengar le sugirió que debía enseñar yoga. “Has trabajado muy duro para recuperarte de unas lesiones complicadas y sanar tu cuerpo. Ahora dispones de la habilidad de comprender las dificultades por las que pasan otras personas en una situación similar. Debes enseñar!” dijo Iyengar. Y así lo hizo, Chelleram es ahora maestra de yoga Iyengar certificada y divide su tiempo enseñando en Pune y en Hong Kong.

Una amiga de la madre de Anees le recomendó probar con el yoga Iyengar. George Dovas, director del centro de yoga Iyengar de Hong Kong, le sugirió que atendiera sus clases semanales específicas. En ellas cada estudiante recibe una secuencia de posturas personalizada guiadas y supervisadas por un profesor.

“Empezamos con posturas supinas con la espalda en el suelo y progresivamente introducimos posturas con la espalda contra la pared para que recibiera una respuesta sensorial,” comenta Dovas. “Eso le ayudó a comparar la diferencia entre ambos lados de la espalda e ir tomando conciencia. Entonces trabajamos hacia la simetría, alargando el lado más corto de la columna sin estirar demasiado el lado más largo”

Dos años después de que Anees empezara a practicar yoga de manera regular, las radiografías mostraron que su curva torácica se había modificado 10 grados. El medico ortopedico no daba credito. Sus padres están convencidos de que la combinación de la práctica de yoga y el corsé ortopédico para la espalda funcionaron de maravilla.

“George diseñó una serie de posturas para mi y supervisó de cerca mi práctica”, dice Anees. “ La mayoría de las veces no era capaz de hacer la posición completa, pero el me animaba a hacerla usando soportes. Usaba cuerdas y bloques para hacer adho mukha svanasana (el perro boca abajo) y cuerdas en la pared para hacer salamba sirsasana (postura sobre la cabeza). Salamba sirsasana es mi postura favorita!”

Martin había empezado a practicar yoga cuatro años antes de tener el accidente. “La conexión entre cuerpo y mente que conseguía a través de las asanas me ayudaba a relajarme y me daba sensación de tranquilidad. Así pues, cuando tuve el accidente supe que la única cosa que podría ayudarme era la práctica de yoga”

Dos meses después de la operación, Martin empezó a asistir a las clases específicas de Dovas. “Me sentía muy débil, había perdido toda la fuerza muscular y tuve que empezar de cero,” recuerda.

“Empezamos por lo más básico”, dice Dovas, “Enseñandole cómo ponerse de pie con los pies juntos y luego intentarlo con los pies separados.” Martin disponía de una tabla horizontal que le servía como soporte para que pudiera apoyar las manos y a su vez estirar la columna vertebral.

“El trabajo inicial fue conseguir el equilibrio de movimiento y fuerza en ambas piernas. Así pues, algo tan simple como separar las piernas se hacía alternando el movimiento cada vez de una pierna distinta. Introducimos las posturas de pie para ganar fuerza en las piernas, y a través de estirar los brazos trabajamos también en el fortalecimiento de la parte superior de la columna. El avance fue destacable.”

Cuando Martin fue al medico tres meses después de la operación, este constato que nunca había visto a un paciente recuperarse tan rápido. Martin cree que la práctica del yoga junto con ejercicios de respiración y perseverancia fueron su salvación.

Iyengar dijo que el yoga es una ciencia curativa que combina fisioterapia, psicoterapia y terapia espiritual, y que practicar yoga enseña a calmar la mente y a soportar el dolor en vez de luchar contra el. “El Yoga nos enseña a curar lo que no es necesario soportar, y a soportar lo que no puede ser curado,” enseñaba Iyengar.

El sabio Patanjali, autor de los Yoga Sutras, escritos hace más de 2000 años y que a día de hoy todavía representan uno de los textos más importantes en la enseñanza de yoga, escribió “Heyam dukham anagamatam” es decir “el Yoga vence al sufrimiento”.

Chellaram, Anees y Martin han experimentado esta gran verdad gracias a las enseñanzas de B.K.S Iyengar, el maestro que ha hecho que el poder curativo del Yoga sea accesible para todos.

Artículo publicado en: scmp.com
Autor: Bhakti Mathur
Traducción: Patricia Torné Requena

Categories: teoría de yoga